Cómo nos afectan las vibraciones de los demás

Tu vibración transforma el entorno

¿Has observado alguna vez cómo cambia el ambiente cuando alguien entra en una habitación?

como nos afectan las energías de los demás

Basta que una persona llegue enfadada, tensa o irritada para que, casi sin darnos cuenta, el clima general se vuelva más pesado. De repente las conversaciones se endurecen, los gestos se tensan, la paciencia disminuye. El aire parece cargarse. Todo el mundo se vuelve más irritable, el ambiente se crispa.

Y, del mismo modo, también habrás visto lo contrario: alguien entra sonriendo, alegre, con una energía expansiva… y el lugar entero se suaviza. Surgen bromas, las miradas se iluminan, las risas aparecen con mayor facilidad. El ambiente es distendido, relajado, todo fluye más fácilmente y de buen rollo.

¿Qué es lo que ha ocurrido?

Desde el punto de vista energético, lo que sucede es que la persona que entra en el espacio está influyendo en la vibración de quienes ya estaban allí, cambia sus vibraciones. Su frecuencia eleva o baja la de los demás, especialmente cuando no somos conscientes de que este intercambio está sucediendo.

Todos emitimos una frecuencia

Cada persona emana constantemente una vibración.

Esa frecuencia vibratoria es el resultado directo de nuestros pensamientos predominantes y de las creencias que sostenemos en cada momento. No es algo externo o abstracto, es la consecuencia energética de lo que cultivamos internamente.

  • Si una persona sostiene pensamientos alegres, agradecidos y optimistas, su vibración será elevada, positiva y armónica.
  • Si otra persona alimenta pensamientos tristes, resentidos o pesimistas, su vibración será más baja, negativa y densa.

Cuando dos personas con frecuencias distintas se encuentran, siempre ocurre una de estas tres posibilidades.

Escenario 1: Vibración alta estable

Si se encuentran dos personas, una de frecuencia vibratoria más elevada y estable, con otra persona de baja vibración e inestable, la persona con vibración baja tenderá a unirse a la elevada, su vibración se elevará.

¿A qué me refiero con “estable”?

Imagina a alguien (emoji verde) que está de excelente humor porque le han ascendido en su trabajo. Ha decidido que, pase lo que pase, será un buen día. Entra tarareando, sonriente, ligero. Nada consigue descolocarlo o molestarlo. No depende de lo externo: ha elegido que su estado interior sea positivo.

Ahora imagina a otra persona que llega enfadada porque ha discutido con su pareja (emoji rojo). Está molesta, sí, pero no está profundamente anclada en ese malestar. No está obsesionada con ello. El tema de la discusión no ha sido tan grave. Está en una vibración negativa inestable.

Frecuencias vibratorias estables e inestables
Frecuencia vibratoria baja inestable se eleva

Cuando ambas personas/energías se encuentran, la vibración más estable -la elevada- actúa como un imán. Poco a poco, la persona que estaba irritada comienza a relajarse. Se suaviza. Si comparten el espacio el tiempo suficiente, y la persona alegre se mantiene firme en su frecuencia, la otra persona terminará sintiéndose mucho mejor, aumentando su frecuencia vibratoria.

La estabilidad es la clave.

Escenario 2: Vibración baja estable

Ahora la situación contraria.

La persona con frecuencia vibratoria baja es estable, en cambio la persona que tiene la vibración alta tiene una frecuencia inestable. Por lo tanto, la baja vibración arrastrará a la vibración alta.

Una persona (emoji rojo) está de mal humor porque se le estropeó el coche. No es un enfado pasajero: es un pensamiento repetido, constante, no piensa en otra cosa, se “regodea” en ese problema. Se queja mentalmente durante horas. Su baja frecuencia está profundamente consolidada, es muy estable en su baja vibración.

Frecuencia vibratoria alta inestable baja

La otra persona, (emoji verde) en cambio, llega contenta porque encontró buen aparcamiento. Sonríe, pero no ha profundizado en ese estado. No lo sostiene con conciencia. Su alegría, su alta vibración, es ligera, superficial, momentánea. Es una alegría pasajera y la deja ir.

Cuando se encuentran, la primera persona comienza a quejarse: la avería, la grúa, el taller, la dificultad de desplazamiento… Poco a poco, la energía de la segunda desciende. Su sonrisa desaparece. Si permanecen juntas el tiempo suficiente y la vibración baja se mantiene firme, el ánimo de la segunda terminará igualándose a la de la primera, sintiéndose igual de mal.

La vibración más estable siempre marca el tono.

Escenario 3: Ambas vibraciones son estables

¿Qué ocurre cuando las dos personas están firmemente asentadas en sus respectivas frecuencias?

En ese caso, no pueden sostener la convivencia durante mucho tiempo. No pueden permanecer mucho tiempo juntos porque, como los imanes, se repelen.

Seguro que lo has experimentado alguna vez: estás de muy mal humor y aparece alguien radiante, luminoso, casi excesivamente feliz. En lugar de inspirarte, te irrita, te enfada aún más, te enfada su alegría. Sientes rechazo, te resulta insoportable, hasta tal punto que necesitas alejarte.

Frecuencias vibratorias se repelen

O al contrario: tú estás en un estado elevado, súper feliz y alguien profundamente negativo entra en tu espacio. Si estás estable, no te arrastra… pero tampoco deseas permanecer ahí demasiado tiempo. “Te corta el rollo”.

Ambas vibraciones, literalmente, se repelen.

Cuando vivimos sin conciencia vibratoria

Cuando vivimos de forma no-consciente, cuando no entrenamos nuestra capacidad de sostener deliberadamente una frecuencia, suelen suceder dos cosas:

Primero, nuestras vibraciones negativas tienden a ser más estables que las positivas. Estamos más acostumbras a quejarnos que a sostener la gratitud. Por eso, en muchos entornos, es más fácil que alguien de mal humor arrastre a los demás hacia abajo que lo contrario.

Segundo, quedamos a merced de lo que nos rodea. Nuestra energía depende de quién entre por la puerta.

Si estos dos factores se combinan, las vibraciones bajas se expanden con rapidez. Basta observar cualquier oficina o grupo humano: ¿es más habitual encontrar un ambiente naturalmente alegre o uno teñido de queja y tensión?

Romper el ciclo: aprender a estabilizar tu frecuencia

La buena noticia es que este ciclo puede detenerse.

La clave está en aprender a estabilizar nuestra vibración. No sólo para que las demás personas no nos afecten, sino incluso para ayudar influyéndoles de forma positiva.

Cuando se está muy triste o con enfadado, no siempre es fácil saltar directamente a un estado elevado. Por eso el proceso comienza ascendiendo poco a poco en la escala emocional. Mejorar gradualmente el estado interno hasta alcanzar una sensación más positiva. Una vez ahí, el trabajo es recurrir a pensamientos positivos de forma consciente y deliberada. Pensamientos que nos hagan sentir bien, razones que nos hagan ver la vida más bonita, aunque sean pequeñas como la sonrisa de la panadera, el olor a pan caliente, la buena salud de los hijos, el soleado día primaveral…

Decidir conscientemente enfocarte en pensamientos que te hagan sentir bien. Igual que cuando en tu cumpleaños decides que nada va a estropearte el día, puedes elegir sostener tu vibración.

No importa el motivo. Lo importante es la intención consciente de mantener el foco en aquello que te eleva.

Cuando eliges sentirte bien de manera deliberada, tu vibración se vuelve estable.

El efecto de una vibración fuerte

Al practicar esta estabilidad, comienzan a suceder dos cosas:

  • Las personas de frecuencia más baja tenderán a elevarse en tu presencia.
  • O simplemente no podrán sostener el contacto prolongado contigo.

La Ley de Atracción reunirá energías semejantes. Y si tu vibración es alta y estable, atraerás experiencias que la acompañen.

Además, cuando estás verdaderamente firme en tu frecuencia elevada, el mal humor ajeno deja de afectarte. Si en algún momento te altera, es señal de que has permitido que tu vibración descienda para igualarse a la otra. En ese instante, puedes elegir de nuevo. Vuelve a los pensamientos que te sostienen. Refuerza tu enfoque. Mantente firme en tu frecuencia.

Con el tiempo, tu mundo comenzará a transformarse. Las interacciones serán más amables. Los encuentros más armónicos. El entorno más ligero.

Porque no se trata sólo de proteger tu energía. Se trata de convertirte en un punto de estabilidad vibratoria que eleva el espacio que habita.

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